El poder de la Aceptación

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Una de las cuestiones que más cuesta entender, tanto por el contexto que nos explica la novela El Vagabundo, como a la hora de hacer terapias Coaching, es la aceptación de que en realidad no controlamos nada. Sabemos que en la vida se tienen problemas: Ocurren cosas que no nos gustan, a veces obtenemos resultados no deseados y en ocasiones la gente se comporta de una forma que nos enfurece. Entonces nos damos cuenta de que es imposible dominar lo que nos sucede en nuestra vida y en el mundo.

Mi propuesta es la única que está en nuestras manos, y  se trata de controlar nuestra respuesta a esas circunstancias que nos alteran, y recuperar así el poder de nuestras mentes. Sé que parece difícil lo que estoy proponiendo, pero es un ejercicio mental que se consigue con entreno y tenacidad.

Aunque creo que es importante entender primero que percibimos la realidad filtrándola a través de nuestros sentidos, después  la interpretamos basándonos en nuestras creencias, tanto sociales como familiares, y además tenemos otro filtro que nadie parece tener en cuenta, y son los programas inconscientes con los que venimos a este aula de aprendizaje llamado mundo. Así que no es de extrañar que cada uno de nosotros parezca ser tan distinto al resto. Lo que a una persona le puede causar gran malestar y angustia, a otra no le afecta. ¿Cómo es posible eso?

La vida es más simple cuando se acepta toda experiencia libre de juicios, valores e historias. Si consiguiéramos vivir con espontaneidad, sin expectativas adornadas por pensamientos futuros que se quieren amoldar a nuestros deseos, con el propósito de que nuestro personaje en esta vida se sienta satisfecho, todo sería más fácil.

¿Y los sueños?¿Y nuestra lucha diaria?¿Y nuestras ambiciones? ¿Qué  hacemos?¿Nos cruzamos de brazos esperando? No. Se puede trabajar por nuestros sueños, y tampoco es cuestión de cruzar los brazos sin hacer nada. La diferencia es que cuando tomas la decisión de hacer algo, cuando después realizas la acción y trabajas por lo que te gustaría conseguir, el siguiente paso es aprender a soltar el resultado. Es en ese instante de abandono cuando llega la paz, pues sinceramente, ¿quién es capaz de asegurar que se puede controlar un resultado después de haber hecho todo lo necesario para conseguirlo?¿Acaso controlamos el futuro? Sabemos que no, entonces, ¿por qué no soltamos las expectativas y disfrutamos de la experiencia?

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