La nada y el Todo

no somos cuerpos

Voy a exponer otra de las cuestiones que se habla en la novela El Vagabundo. Se trata de la insistencia que el protagonista pone ante una cuestión que para él no tiene ninguna duda: No somos cuerpos.

Cuando observamos nuestros cuerpos vemos límites que nos separan unos de otros, ornamentos que nos adornan, ocupamos un espacio concreto y actuamos movidos por unos pensamientos que parece que salen de la cabeza y que tienen el poder de dominarnos. Si existe un alma, esta parece estar encerrada en un celda donde toda su grandeza se ve reducida a una escala minúscula, hecho que provoca fragilidad e individualidad. Nuestro cuerpo exige toda nuestra atención, por eso lo mantenemos limpio, lustroso, y si tiene unas medidas concretas ideadas por creencias sociales que tomamos como verdades absolutas, mejor. Nuestra energía la obtenemos a base de otras vidas, ya sean animales o vegetales. El cuerpo parece algo maravilloso, un mecanismo perfecto que es la envidia de cualquier ingeniero. Todo lo que existe en nuestro interior sirve para algo, cierto, pero  cuando falla es frágil, débil, enfermizo, solitario, ambiguo y con fecha de caducidad. El cuerpo necesita atención plena, placer, protección, hidratación y cuidados. ¡Algo tan pequeño pero tan inestable y exigente!

Es increíble la veneración que se le tiene a este poco de nada, que con el tiempo acaba por convertirse en nada. Vivimos esta vida sin que nada perdure, y acabamos desintegrándonos en la más desoladora nada. Y la pregunta que nos deberíamos hacer es;  si la nada no puede crear nada, ¿cómo podemos ser una casualidad material con consciencia propia?  ¿y si somos algo más? ¡Quién sabe! A lo mejor hemos puesto toda nuestra atención en el objetivo incorrecto. Puede que exista una esencia ilimitada, una mente libre de formas que ha olvidado su Verdadera Naturaleza. Tal vez esta confusión sobre lo que SOMOS en realidad, dé algo más de sentido a todo este mundo loco. Quizá es la explicación por la que sentimos una permanente insatisfacción en esta vida, es como si nunca estuviéramos satisfechos y buscáramos algo fuera que nos complete.

Como ejemplo pondré varios: Deseamos éxito, pero si lo conseguimos nos abruma. Puede que se desee un buen trabajo, aunque seguro que dejará de ser el adecuado. Queremos un coche nuevo, pero enseguida pensamos en otra adquisición. Y qué me decís de esas compras compulsivas, cuya necesidad es llenar un vacío que no somos capaces de localizar. Puede que nuestra intención no sea material, sino tener pareja, hijos, relaciones duraderas, pero solo hace alta algo de tiempo para empezar a pensar de otra manera: “Esto no es lo que soñaba”, “esta situación me sobrepasa”,” no creí que fuera tan difícil”, o bien empezamos a sacar defectos: “ ha cambiado”, “ he descubierto cosas que no me gustan” o una justificación muy oída como “ el amor se ha acabado”.

He comprobado que el vacío es francamente imposible de solventar, pues nunca estaremos satisfechos. Quizás la solución es dejar de mirar hacia fuera y empezar a observar nuestro interior para descubrir nuestra verdadera naturaleza. Quizás creemos que somos un cuerpo, o sea nada, cuando en realidad lo somos Todo.

 

no somos cuerpos

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