Nuestras dos identidades

identidad y esencia

Para seguir indagando en la filosofía que expone la novela y en la cual se basa las terapias holísticas, hay que saber diferenciar los dos pensamientos que parecen habitar en nuestra cabeza, identidad y esencia.

El más conocido por todos nosotros es el de la identidad, a la que llamaremos ego: Estos pensamientos nos dicen que somos una persona que ha construido con ahínco y perseverancia una historia que nos define. Estamos muy apegados al personaje, pues hemos pasado  todos nuestros años de vida construyéndolo: Tenemos una familia, amigos más o menos cercanos, trabajo y ocupaciones que absorben la mayor parte del día, posesiones materiales de mayor o menor índole, vivienda donde guarecernos, una historia personal, muchos recuerdos, futuros proyectos, y toda una serie de emociones que calificamos según nuestras expectativas y creencias, las cuales fueron inculcadas desde niños en nuestro software.

Esta identidad nos dice que tenemos que protegernos del exterior, pues está demostrado que el cuerpo es un cascarón muy frágil e inestable, por eso nos abrigamos al creer que el viento helado nos puede provocar una gripe, actuamos a la defensiva ante cualquier provocación, y contratamos miles de seguros que nos hacen creer que por fin, lo tenemos todo controlado.

Con este pensamiento caminamos por la vida sintiéndonos muy solos, pues es evidente que estamos separados por distancias y que para sentirnos medianamente satisfechos es necesario tener relaciones con personas que nos aporten bienestar. Todo es casual, no nos une más que la coincidencia y creemos construir nuestro futuro a base de sacrificio, trabajo y esfuerzo. El sentimiento de carencia y lucha es permanente en todos, por eso lo guardamos todo, tenemos miedo a perder y de hecho sentimos que perdemos de una u otra forma. Siempre.

Podría seguir escribiendo sobre este pensamiento, pero con lo expuesto pienso que nos hemos hecho una idea de que todos los que estamos viviendo en este mundo no dudamos ni un solo segundo de su existencia, puesto que si no fuera real, ¿qué seríamos entonces?

La otra identidad es la Esencia, el Amor que nos une y que somos, la conciencia única y compartida de todos. Es de donde nace el sentimiento de amor que nos impulsa a ser compasivos, humanitarios, bondadosos y altruistas. Es ese sentir inidentificable pero que hemos experimentado en algún momento, cuando nos envuelve un amor sin medida por alguien, cuando solo somos capaces de ver la luz de las personas, son esos instantes en que cerramos los ojos y estamos en paz, serenos, tranquilos y en armonía con todo lo que nos envuelve. Son breves momentos, pero estoy segura de que lo hemos experimentado, porque es imposible escapar de lo que somos, por mucho que nos disfracemos, nos ocultemos tras máscaras e interpretemos un papel que al final nos hemos creído.

Ahora, la pregunta trampa es: ¿Qué identidad piensas que es real?

Algunos responderán que indudablemente es la Esencia, El Amor, esa conciencia  que siempre ha estado ahí, inalterable en el tiempo, ese pensamiento que desde niña/o hacía que te cuestionaras: ¿Quién es el observador de mis pensamientos?¿Por qué siempre parezco ser  un yo inalterable, a pasar de que mi cuerpo parece envejecer?¿Acaso no soy la misma/o desde que tengo recuerdos? Cierto que el mundo y las circunstancias que nos rodean van cambiando a medida que pasan los años, pero ¡siempre soy yo!

Otros contestarán que la identidad real es la que cambia, el cuerpo que envejece, la historia que transcurre en el tiempo. Pero si queremos ir un paso más allá, se tiene que aceptar una cuestión ineludible. Cuando la vida del cuerpo se acaba, ¿acaso no deja de  existir?  ¿Qué queda después? Y si no se ve, si no se puede percibir con ninguno de los sentidos corporales, ¿se puede considerar real? ¿Es real un dibujo acabado y después borrado? ¿Es real algo que desaparece del recuerdo con el paso del tiempo?

Personalmente, por conveniencia e interés, prefiero creer en la identidad perdurable, en la Esencia del Ser y en el Amor, el cual nunca desaparece a pesar del tiempo.

 

identidad y esencia

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