Así Como Das, Recibirás

3

Tal y como escribí en el anterior artículo, para conseguir nuestros propósitos se debe cambiar nuestro sentir. De esta forma se reflejará en el día a día: “Así como das, recibirás”

Una de las primeras reglas es construir nuestros días empezando a cambiar uno mismo. Eso suele incomodar a la gran mayoría: Preferimos que cambien los demás. No deseamos ser nosotros quienes tengamos que dar ese paso decisivo y fundamental para que el efecto se refleje en nuestro entorno más cercano.

Pero tal y como antes se ha dicho, el mundo no es más que un reflejo de nuestro interior. Si no estás en paz y sientes que nadie te comprende, lo más probable es que tu percepción te muestre diferentes situaciones en tu vida, todas cargadas de ataques y ofensas. Si en cambio estás en paz, lo más seguro es que no te afecten de igual manera las cosas que puedan ocurrir en tu día a día. Todos sabemos que una misma situación ante cien personas se interpretará de cien maneras diferentes, y como no, todos tendrán razón. Hablamos de esa razón personal, incuestionable e íntima que está fuertemente vinculada con el mundo interno de los pensamientos.

Por otra parte también tenemos la cotidianidad en la que nos solemos mover, que genera un falso control en nuestras vidas. A pesar de que en ocasiones nos haga pensar que lo tenemos todo controlado y que por ahora, todo va bien, en algún momento de nuestra vida nos hemos dado cuenta de que esta «aparente» seguridad es un engaño del ego. De pronto la vida se da la vuelta, como si fuera un calcetín, y tus planes, tu futuro, se trastoca.

El ego nos dice que cuando conseguimos tenerlo todo controlado y tenemos lo que deseamos, lo que nos ocurre es porque hemos puesto todos los medios posibles para lograrlo.

En las ocasiones en que conseguimos lo que deseamos sin ningún esfuerzo, le llamamos «suerte o casualidad».

Cuando en cambio todo sale al revés a pesar del empeño que hemos puesto para conseguirlo, lo etiquetamos como «mala suerte» o «karma».

Hay que admitir que le tenemos pánico al cambio, y solemos acomodarnos bajo frases: «yo soy así» o, «es lo que hay, y no voy a cambiar a estas alturas».

Por eso invito a todos los que están leyendo estas líneas que, si llevan tiempo que sienten que nada está bien, es que ha llegado el momento de cambiar. ¡Es hora de analizar lo que no nos gusta de nuestra vida! Recordemos que lo que hoy vivimos como presente es la materialización de nuestras creencias y pensamientos en el pasado. Así que si nuestro objetivo es cambiar el futuro, es lógico pensar que debemos cambiar las creencias y pensamientos del presente.

Bien, ¿y cómo empezamos?

Lee, estudia las grandes mentes, sus pensamientos, sus consejos, sus experiencias y después… observa como piensas tú, tus propias creencias, las que te benefician y las que no lo hacen. “Si piensas que la educación es cara, prueba con la ignorancia” dijo Benjamín Franklin. Una mente abierta y dispuesta a aprender de los demás, realiza tal alquimia en su interior que es capaz de transformarnos. Es entonces cuando descubrimos que caminamos por la vida más despiertos, en estado de alerta, descubriendo esas limitaciones que nos han sido inculcadas por la sociedad y por la educación recibida. No olvidemos que por mucho que nos pese, estamos programados para ser, pensar y comportarnos tal y como lo hacemos. Pero al convertirnos en observadores de nosotros mismos, entendemos porqué vivimos como vivimos, porqué tenemos lo que tenemos, y porqué pensamos como pensamos. Con nuestra propia observación cuestionamos nuestras creencias y evaluamos las que nos aportan ansiedad, y las que afortunadamente nos dan paz.

En conclusión, y sin pretender que este texto sea muy extenso, esta observación de nuestro «programa» de pensamiento es un puente imprescindible para conocernos mejor. ¿Te atreves? ¿Qué se puede perder con intentarlo?

Mariana Moreno Landero

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn