La escritura como terapia.

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¡Acabo de terminar mi segunda novela!

En esta ocasión me he querido recrear en un aspecto que parece muy difícil de entender: La ilusión del tiempo y su finalidad. Al terminarla, me pregunté a mí misma «¿por qué me ha dado por escribir otro libro?»

El proceso es el siguiente: Buscar una historia, personajes, escribir, reescribir, amoldar, (porque de pronto surgen nuevas ideas, o ves cosas que ya no te gustan), releer, corregir, coma por aquí, esto no, esto sí, volver a editar, a repasar, pensar en una posible portada, buscar un título apropiado, publicarlo, ¿cómo lo hago?, ¿busco una editorial?¿lo auto-publico?,  tratar de promocionarlo, mira que si no le gusta a la gente…¡con el tiempo que he invertido! venderlo, o no venderlo… ¡un asco! Me da una pereza increíble, os lo aseguro.

Pero sinceramente, escribo por puro entretenimiento, sin buscarle una finalidad. Lo que viene después de haber terminado, en realidad, es un «¡bueno! ya que está hecho, lo voy a publicar, puede que a la gente le resuene». De hecho, y ahora que lo pienso con detenimiento, siempre he escrito, desde que era una cría. Era mi forma particular de gestionar las emociones. Recuerdo que escribía lo que me ocurría en mi día a día, explicaba esa marejada emocional de mi despertar a la adolescencia,  mis años de baja autoestima, mi mundo particular, donde yo misma me animaba ante cualquier pensamiento reconfortante, o bien buceaba en lo más profundo de mi derrotismo para volver, días después, con una entrada triunfal porque, «¡jolines!, no todo es tan oscuro, tan amargo, tan negativo». Como testigo tengo varios cuadernos con fechas ya lejanas. No suelo releerlos, pero cuando en alguna ocasión lo he hecho, entiendo que era mi forma de soltar lo que sentía. Nunca he sido muy participativa en lo referente a mis emociones, pero luego descubrí que no hace falta tener a nadie a tu lado para explicarle todo lo que sientes. Con una libreta y un bolígrafo sacas de tu interior lo que quieras, sin filtros, ¡y los resultados son espectaculares! Así que, ¡cómo iba yo a sospechar que escribir era una forma de sanar! Ignorando por aquel entonces muchas cosas que ahora he descubierto, para mí, era una forma de terapia.

Así que os lo recomiendo. No lo dudéis. Si en algún momento os sentís mal, si tenéis algo en vuestro interior que no sois capaces de compartir con nadie, si deseáis decir cosas que han quedado en el «tintero»( una comparación paradójica),  y esa persona ya no está a vuestro lado, le escribís una carta y se lo explicáis. Después la podéis guardar, o quemar, en fin, lo que os apetezca. La cuestión es que podéis contar «esas cosas ocultas» abiertamente, ya que pertenecerá a un ámbito personal tan íntimo y profundo, que nunca, nadie, podrá invadir jamás. Solo os pertenecerá a vosotros.

Por eso, la conclusión a la que he llegado tras mi pregunta, «¿por qué he vuelto a escribir otra novela?», es porque me lo paso bien, me divierto como una mona durante el proceso, estoy deseando tener un poco de tiempo libre para lanzarme de cabeza a la historia, desarrollarla, buscar información, sintetizarla, pensar, soñar, recordar… escribo para mi. Eso es todo.

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